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¿Matará La Tecnología Al Profesor De Idiomas?

¿Matará la tecnología al profesor de idiomas?

El mundo se halla inmerso en la «tercera revolución industrial»: millones de puestos de trabajo desaparecerán con el avance de la robótica y la inteligencia artificial. En el ámbito de la formación en idiomas para empresas la tecnología también progresa de forma implacable, y el software de traducción simultánea conjugado con los dispositivos wearable podrían conjurar la maldición de la torre de Babel en cuestión de pocos años.

Como profesor de idiomas esta es una pregunta que me planteo con cierta preocupación: ¿Dejaré de ser necesario?¿Es una cuestión de tiempo?

No cabe duda que vivimos varios procesos simultáneos, en algunos casos antagónicos. Por un lado la tecnología avanza de forma inexorable. Todos disfrutamos ya de «Google Translate» que nos permite acceder a contenidos online sin que el idioma sea una barrera infranqueable. Yo mismo pude experimentarlo hace cuatro años al preparar un viaje a Islandia, gracias a la traducción automática pude hacerme una idea bastante aproximada de los contenidos de numerosas webs a pesar de estar redactadas en el intraducible idioma nórdico. Otra muestra de la magia tecnológica que ya disfrutamos son las aplicaciones como Word Lens que traducen en tiempo real carteles o cualquier texto que cacemos con la cámara de nuestro smartphone.

Otro vector de avance es el que aporta, una vez más, la investigación militar. El ejército americano desarrolla un sistema de traducción simultánea de voz, que ha conseguido ya resultados espectaculares, como podemos apreciar en este vídeo.

Desde luego estos portentos tecnológicos aún están lejos de la perfección, y sus traducciones son a menudo risibles, cuando no resultan en fracaso estrepitoso. Queda mucho camino por recorrer y retos que superar, por ejemplo la traducción de frases hechas, referencias culturales y otros recursos idiomáticos complejos que aún se escapan del alcance de la inteligencia artificial emergente.

Sin embargo estos avances son ya suficientes para que podamos hacer un uso práctico, en numerosos campos. Podemos leer textos y formarnos una idea rudimentaria de sus contenidos, podemos hacernos una idea de las advertencias de carteles que de otra manera resultarían indescifrables, y podemos mantener conversaciones sencillas con nativos de otros idiomas aunque carezcamos de una lengua común en la que comunicarnos.

Todas estas posibilidades, que hace un par de décadas parecerían ciencia ficción se incorporarán a nuestras vidas y en breve nos resultarán tan naturales como nos resultan ahora tener una videoconferencias con Skype o navegar por las calles de Nueva York con Google Street View. Por tanto, si podemos leer y mantener una conversación en otro idioma ¿Para qué molestarnos en aprenderlo?¿Merecerá la pena el esfuerzo?

Por otro lado la tecnología nos permite un acceso a la información y al conocimiento que nunca antes habíamos disfrutado. Existen cientos de webs con recursos online gratuitos para aprender idiomas. Cada vez es más fácil contactar online con nativos de la lengua que queramos para establecer un «tandem» que nos permita practicar la conversación de forma gratuita. A esto se une la popularidad de apps con reconocimiento de voz que permiten aprender y practicar de una forma amena, con mecanismos de gamificación que ayudan a mantener la motivación constante. ¿Donde encaja el profesor en todo esta matriz tecnológica? Da la impresión de que su presencia, como transmisor de conocimientos, es cada vez menos necesaria.

En mi opinión es indudable que la tecnología va a eliminar una parte importante de las barreras comunicativas que supone desconocer un idioma. Ya no necesitaremos dominar el chino para viajar por el país asiático, comprar en una tienda, leer el menú de un restaurante en caracteres logográficos. Dispositivos wearable nos permitirán hacer todo esto sin saber una palabra de Mandarín. Pero esto no supondrá la desaparición del interés por los idiomas. Seguiremos queriendo aprender idiomas para comunicarnos directamente con otras personas, para entender su cultura y sobre todo, para sentirnos cerca de ellos. Dominar el idioma seguirá siendo fundamental en el mundo profesional y de los negocios y además, aprender será más fácil.

La buena noticia para los alumnos de idiomas es que los dispositivos wearable nos permitirán aprender de forma más rápida y eficaz. Imagino un futuro no muy lejano en el que los alumnos dispondrán de dispositivos que les ayudarán a corregir errores, a memorizar, a repasar… las tareas más repetitivas e irritantes del proceso de aprendizaje serán mucho más llevaderas gracias a la tecnología… pero ¿Qué pasará con los profesores?

En este nuevo contexto los profesores deberemos asumir un cambio de rol. Ya no seremos transmisores de información, ni figuras de autoridad siempre dispuestos a corregir un error, dado que ese papel lo asumirán las máquinas, principalmente. El papel del profesor será el de orientar, motivar, como un entrenador, pero con el alumno en una posición más independiente y directiva, asumiendo la iniciativa y tomando sus propias decisiones. También tendremos que corregir errores y resolver dudas cuando sea necesario, por supuesto, pero esta será una tarea menos prioritaria y recurrente.

Al igual que otros profesionales los profesores tendremos que aprender a trabajar de otra forma. Probablemente trabajaremos menos, ya que no tendremos que asumir tanto protagonismo ni tendremos la presencia dominante que ahora tenemos en el aula, pero trabajaremos mejor, buscando relaciones cualitativas con los alumnos, conocer a cada uno para poder asesorarle y motivarle de la forma más acorde a sus cualidades y necesidades será fundamental.

Las nuevas tecnologías cambiarán radicalmente el aula del siglo XXI, pero no sólo ellas, sino también otras innovaciones menos espectaculares en apariencia pero quizá más revolucionarias, como sería el Aprendizaje por Proyectos. Estos son temas del que hablaremos mucho, espero que os parezca interesante y compartáis conmigo vuestras impresiones.

Esta entrada tiene 4 comentarios
    1. Gracias por tu comentario, querido usuario. Efectivamente, «gamificación» está lejos de ser una palabra aceptada por la RAE y en el mejor de los casos es un neologismo fruto de una traducción dudosa. Pero no deja de ser el vocablo utilizado ahora mismo en nuestro país para hablar del tema, y por tanto, aunque no nos encante, lo utilizamos.

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